La tableta de chocolate

Cuando la niña nació todo el mundo se mostró gozoso. Había llegado un nuevo miembro a aquella familia, y lo que era más importante: estaba sana.



Sus padres tuvieron muchos regalos que festejaban el nacimiento, pero hubo uno que les sorprendió sobremanera: alguien, anónimamente, había dejado, envuelta en un precioso papel plateado, una tableta de chocolate. Sólo la acompañaba una escueta nota: "Adminístrala bien, porque no hay más".

El padre pensó que habría que comérsela pronto o se estropearía, pero la madre decidió, puesto que era un regalo como los otros, guardarla un tiempo. Lo peor que podía pasar era que efectivamente se echara a perder y tuvieran que tirarla.

Y pasaron los años. Y la niña creció para alboroto de todos. Un día la madre, haciendo limpieza, se encontró con todos los regalos, llamó a su hija, y fue enseñándoselos uno a uno, explicándole al tiempo de quién eran. Y llegaron a la tableta de chocolate. Con sumo cuidado la mujer destapó la pastilla, observando con incredulidad que faltaban varias onzas, cuidadosamente cortadas. Cuando su marido llegó a casa se la enseñó, quedándose éste tan estupefacto como ella.

Y siguieron pasando los años. Y la niña se convirtió en una espléndida mujer, mientras sus padres fueron cubriéndose de canas.

La niña-mujer acababa de tener su primer hijo. Preguntó a su madre si aún guardaba sus juguetes de pequeña, puesto que le ilusionaba que el niño los disfrutara igual que había hecho ella. La anciana buscó y rebuscó entre aquel montón de trastos, la mayoría ya inservibles, pero que se negaba a tirar: cada uno era un momento de su vida. Y de pronto encontró aquel arrugado papel de plata... lo abrió.

Su hija no entendía tampoco cómo podía ser que la pastilla de chocolate fuera apenas algo menos de media. Y seguía cortada con minuciosidad, evitando romper más allá de lo que alguien se había llevado. Cogió la pequeña nota que aún seguía adherida al envoltorio, y volvió a leer: "Adminístrala bien, porque no hay más".

Y entonces comprendió.




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